lunes, 1 de noviembre de 2010

She's a little bit too strange for someone like you.

Tantas cosas que decirte, que no se cómo empezar. Resulta increible que en poco más de un año has pasado a ser una de las personas más importantes de mi vida. Posiblemente de las personas que mejor me conoce. Tú, tan loca, tan gritona, tan fiestera, tan variable. Tú, tan sensible, tan comprensiva, tan adorable, tan soñadora. Has sido capaz de convertir días que parecian grises, en los que me invade la nostalgia o el mal humor, en momentos inolvidables, de esos en los que sonrio tanto que pienso que se me va a desencajar la mandíbula. Eres la segunda persona con la que he conseguido un grado de amistad tan alto. A favor de lo bueno, a pesar de malo. Simplemente, gracias.


Gracias, por el giro que le has dado a mi vida en 72 horas. Por haber soltado la soga que me ataba. Por ayudarme a desenredar lo que yo enredo, que no es poco precisamente. Por aceptarme a pesar de ser practicamente tripolar. Por mostrarme que cada desgracia no es tan negra como la veo. Por molestarte en mirar en cada rincón de mi mundo. Por no juzgarme cuando descubres mis secretos. Por busca la verdad, mi verdad. Pero sobre todo, gracias por estar ahí cuando los demás no estan, y por aparecer necesitaba cuando una chica con la que hablar.

domingo, 22 de agosto de 2010

Don't you know it's gonna be all right?

Siempre he odiado los cambios. Soy una persona de rutinas, me gusta salir a tomar un café cada día, pasar unas horas con mis amigos, visitar Gijón los Sábados y hacer las mismas insensateces una y otra vez. Incluso tropezar mil veces con la misma piedra. Es parte de mi ser, y me encanta. Sin embargo, ahora me veo ante un nuevo horizonte, en un piso nuevo, con amigos nuevos, y un nuevo plan académico en marcha. Y me aterra. No puedo evitar lamentar que se haya quedado tanto atrás. Personas, sentimientos, recuerdos, que se guardan en una caja instalada en el fondo de mi corazón y solo dejan espacio para la soledad. Me gustaría poder cambiarlo, y tener siempre a mi lado las mismas cosas, las mismas personas, pero las circunstacias, la vida y los estudios obligan a desprenderse y alejarse. Sé que todo puede volver, pero las relaciones personales toman otro matiz cuando se pierde el día a día. Y las nuevas amistades, aunque especiales, no tienen ese toque que otorgan los años de convivencia. Ser consciente de esto hace que me invada la tristeza constantemente (hasta tal punto creo que ese sentimiento ya forma parte de mi). Abrir los ojos y volver a la realidad es un castigo. Quisiera poder gritarle al mundo como me siento, porque lo necesito para ser feliz, pero no me atrevo. Esconderme siempre se me dio mejor. Asi pues, cerrare los ojos un ratito y saldre a volar.









La vida pasa, y pesa...

miércoles, 21 de julio de 2010

Cuando no puedas más grita, e ire a por ti.

Hoy es uno de esos días en los que parece que todo se tuerce sin saber muy bien porqué. Uno de esos días en los que me gustaría llenar la mochila con un puñado de ropa, calzado y el neceser; y marcharme, sin nada más conmigo. La excusa de viajar solo para esconderme y huir. Para dejar los problemas atrás, con la esperanza de que no me alcancen. Aunque en el fondo sepa que por muy lejos que me vaya, ellos me acompañaran. Otro intento vano de ganar tiempo para crear un escudo que los mantenga fuera, pues hace tiempo que no me quedan ganas para afrontarlos. Pero sé que jamás podre hacer algo así. Me atan demasiadas cosas, y tengo demasiado miedo a la soledad como para ir a su encuentro. Escapar no arregla nada, o eso dicen. Asi que aqui me quedo, en silencio, luchando contra mi cansancio, buscando soluciones, aguantando otro ratito más, sonriendo y tirando piedras contra mi propio tejado.


lunes, 31 de mayo de 2010

Sometimes the strongest and most wonderful things are those we cannot see...

Una cerveza en una mano, un cigarro en la otra. Buena música de fondo. Y tú. Ya esta todo dicho, no me quedan historias que contarte. Todas mis alegrías compartidas, y mis penas diseccionadas. Solo nos queda el silencio. Asi que cierro los ojos y disfruto de tu compañia. Podría intentar rellenar ese hueco con cuentos repetidos, pero no lo necesito. Es mejor así. Siempre me gusto poder compartir silencios contigo. Por alguna extraña razón, saber que no necesito hablar para conectar contigo me trae paz. Y en estos tiempos locos, siempre se agradece. Y ahora abro los ojos, te miro, y me sonries.

- Me gustan estos silencios.
- A mi tambien.




«La verdadera amistad hace cuerpo cuando el silencio entre dos personas llega a ser ameno.»

domingo, 25 de abril de 2010

Happiness does exist.


Dices que es muy facil hacerme feliz. Que cada chiste, por simple que sea, me provoca una carcajada. Que cada golpe, por duro que sea, lo aguanto. Que perdono cualquier cosa con un simple "lo siento". Y dices que te sorprende ver como me emociono con los pequeños detalles. ¿Y sabes que digo yo? Que te equivocas. No es que sea facil hacerme feliz. Simplemente ocurre que la felicidad me invade cada vez que vuelves a mi.

lunes, 22 de marzo de 2010

Grita alto, la muerte esta viniendo.

Me he pasado casi toda la noche en vela mirandote. Estabas ahí, tan cerca que podía sentir tu aliento mientras respirabas, el calor de tu cuerpo mientras dormias. Y tan lejos que no podía tocarte. Y me sentía débil, vulnerable. Tal y como me he sentido en los dos últimos meses a tu lado. Y no se porque me siento así. Tal vez es porque te has cargado mi armadura, y contigo no tengo secretos, para bien o para mal. O tal vez era porque creo que el muro que nos separa crece a cada segundo que pasa, y ya no me quedan fuerzas para saltarlo esta vez. El problema es que nunca en mi vida me he sentido así con nadie. Y eso me aterra. Tienes un poder absoluto en mi, soy al 100% tuya. Cada palabra que me dedicas, se vuelve oro para mi. Cada sonrisa tuya me lleva al infinito. Y eso no siempre es bueno, y no siempre es fácil. Alguien me dijo una vez que no es amor si no duele. Y yo tengo cada lágrima y cada mentira clavada como puñales en el fondo de mi alma. Y a tu lado, te recuerdo, soy débil, y ahora ya no puedo encajar los golpes que me trae la vida. Necesito una reparación. Pero de momento, la única forma de que ese dolor se vaya es que vengas, y me abrazes, y sienta que mis penas se derriten y salen fuera, para poder volver a ser yo.

The fact is that I love you. I love you so much. And it's killing me...

lunes, 1 de marzo de 2010

Hoy me he levantado melancólica.

Siempre me dicen que me tomo las cosas muy a pecho. Yo pienso que no es verdad. Considero que cuando en mi vida sucede algo bonito, debo recogerlo y guardarlo en mi corazón. Es un buen recuerdo, y no debo olvidarlo. Y puedo pasarme semanas atrapada viviendo ese recuerdo. Pero me hace feliz. ¿Y cuando sucede algo triste? Lo guardo en mi pecho, buscando algo que me alivie el dolor. Tal vez solo sea un malentendido, y hablando se arregle, o tal vez solo se vaya con un “lo siento”. Si se soluciona, olvido rápidamente la pena, y me quedo con la respuesta, para evitar que se repita. Así vivo y aprendo yo de mis experiencias…


Siempre me dicen que valoro demasiando los detalles. Yo pienso que no es verdad. Que me miren a los ojos mientras hablo, que me dejen agarrarme de un brazo mientras paseo con alguien, que me regalen el calor de una sonrisa y un abrazo de cuando en cuando, no me parece demasiado. Pequeñas muestras de cariño que llenan mi mundo interior. Tal vez viva en mundo demasiando superficial y frío, donde el afecto esta infravalorado. Si me quitan estas pequeñas cosas, me veo perdida.





Hoy, desearía poder olvidar todas esas cosas dolorosas que me aplastan y que me hacen difícil incluso el mirarte a la cara. No puedo tenerte lejos. Y lo único que quiero es un café, hablar contigo, disculparnos, y que me des ese abrazo que se quedo en el aire. Te echo de menos. And after all, you’re my wonderwall…

lunes, 8 de febrero de 2010

Nuestras promesas rotas.

Abre los ojos. Ahora, mírame. Nuestra realidad cambia a cada segundo que pasa. No se si puedo afrontarlo. Tengo miedo.

Déjame que te cuente mi cuento.

Hace tiempo, en este mismo pueblo, vivía la protagonista de este cuento. Ella siempre había sido una persona feliz. Aun cuando la vida ponía múltiples obstáculos en su camino, ella los sorteaba con una sonrisa en la cara. Por supuesto, existían días en los que no lograba ocultarle al mundo su decepción, su desilusión, o sus fracasos. Pero eran los menos. No había nada ni nadie que pudiera detenerla cuando se proponía algo.
La importancia de su historia radica en una tarde cualquiera. Había sido un día largo y lluvioso, pero ella lo había disfrutado, hasta que de repente, la verdad la azotó en la cara con fuerza. Y al momento, su pequeño corazón se rompió. Ya le había ocurrido más veces, y siempre lo había afrontado con valor, pero aquel día fue diferente. Se rompió de tal manera que no había forma humana de repararlo.
Y se transformó en un corazón de mimbre. Ella primero lo tomó como una bendición, ahora sería imposible volver a sufrir. Pero con el tiempo descubrió que había pagado un precio muy alto: con un corazón así, no podía sentir dolor, pero tampoco amor.
Cuando yo la conocí, se encontraba en medio de una espiral de locura. Ella siempre había amado intensamente, pero se había guardado sus emociones, sus abrazos, y sus besos, para regalárselos únicamente a la persona querida. Pero entonces, en busca de una cura para su corazón, pasaba de brazo en brazo, soñando con volver a sentir. Y mientras los errores se agolpaban, su sonrisa se quebraba. El milagro que esperaba estaba lejos de aparecer. O eso creía ella.
Por suerte, en casi todas las historias existe un final feliz. El de ella llegó hace un mes. Mientras viajaba en un autobús, tranquila, pensativa, notó que su corazón se ponía a palpitar locamente. Y oyó dentro de su cabeza algo que la sorprendió, pues hacía años que un eco así no sonaba en ella. Confusa, dedicó las siguientes semanas a observar, a observarse a si misma, a observar su alrededor, y sobre todo, observar los cambios de su pequeño órgano vital. No sabía lo que buscaba, hasta que lo encontró. Y cuando lo tuvo entre sus manos, el vuelco que dió su corazón fue tan intenso, que ya no dudó. Supo que había sanado. Solo deseaba poder gritarlo, alto y fuerte, para que él lo oyera. Sí, él. Se había enamorado.


martes, 26 de enero de 2010

Al final de tu camino...


...me enseñaste a vivir. A no enfadarme por tonterias. A no pelearme por palabras mal dichas o mal entendidas. A no sufrir por las cosas que me faltan, por las que me deben, por las que no quiero comprar, porque las cosas no me van a dar la felicidad.
Al final de tu camino, sin quererlo, me enseñaste que cosas deben importarme más. Y que batallas debo dejar pasar sin luchar.


Siempre se van los mejores...